Invertimos en empresas que cotizan con un descuento razonable respecto a su
verdadero valor económico teniendo en cuenta:

Es imprescindible
distinguir entre la
cotización de una empresa (influida por
factores psicológicos e ineficiencias de mercado) y su
valor
económico (valor asociado a los activos, beneficios, deuda,
perspectivas, etc.)

Cada vez que se compra una
acción, se compra una parte de un determinado negocio, y no simplemente
un título cuyo
precio fluctúa. Es fundamental conocer el
negocio
que se está adquiriendo y saber que se está pagando un
precio
adecuado por él.

En el
corto plazo la
evolución del
precio de una empresa es totalmente
imprevisible
ya que está influida por circunstancias que quedan fuera del control de
los inversores (factores psicológicos, manipulaciones del mercado,
conflictos políticos, etc.) Sin embargo, a
largo plazo, las
cotizaciones
siempre tienden a reflejar el
valor económico de las empresas.

Intentar
predecir la
evolución de los
mercados es una tarea
complicada que
precisa mucha dedicación y, aún así, las previsiones rara
vez resultan acertadas. Por esta razón, es preferible dedicar el tiempo
a la búsqueda de buenas empresas infravaloradas ya que seguramente
tendrán una mejor evolución que el mercado, sea cual sea el
comportamiento de éste.

El
tamaño de la empresa no
es determinante a la hora de realizar una inversión. Si la
situación lo requiere, es preferible invertir en empresas pequeñas y
poco conocidas que se encuentren infravaloradas que comprar “blue chips” a
precios desorbitados.
Esta forma de entender las inversiones en Bolsa es conocida en el mundo
anglosajón como